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Osa: La Reina del Aire y los Misterios de la Laguna. Una Reflexión Sobre el Odù de los Espíritus, la Justicia y el Viento que Todo lo Puede 

Osa, trae y transforma los vientos y los cambios, el caos de las fuerzas naturales. Osa es el odun del caracol más cerca a los egun y los espíritus, por ende, tiene un ashé extramente elevado cuando se trata de funcionar con el Ashé de los espíritus. Lo que es capaz de resolver Osa con los Egun, no lo resuelve ningún otro odun. Los cambios y cataclismos buscan un nuevo sentido del orden. El animal se enfrenta a las vicisitudes del entorno de la naturaleza y a los predadores. En esta fase de la vida; el animal debe de saber llevar la manada por los lugares donde no haya problemas de peligro o por donde la naturaleza no haga estragos, acá si no fuiste buen líder en Eyeunle, la manada te abandona. Se debe reconocer cuando no sabemos una cosa y la queremos hacer por testarudez, la insolencia, el destino se pone de manifiesto en este Odù. Si no aprendemos en Unle, el destino será prematuro y precario. El animal, así como las personas, son de carácter voluble.

I. El Nombre y el Misterio Inaugural: Quien Huye y Quien Reina

La palabra Osa proviene del vocablo yoruba que designa a la laguna, esos cuerpos de agua que se forman entre la tierra y el mar, que no son ni río ni océano sino el territorio liminal donde las aguas se detienen, se profundizan y guardan en su interior lo que ninguna corriente ha podido arrastrar. Esta imagen inaugural —la laguna como espacio de profundidad detenida— es la primera descripción de lo que este Odù es en su totalidad: un signo que porta en sus aguas quietas más misterio del que cualquier superficie puede revelar.

La tradición también ofrece una segunda traducción: O, quien; Sa, huye. Este nombre surgió cuando la gente vio a las Iyami descendiendo usando el vehículo de Osa para venir a la tierra, y al verlas huyeron. Osa entró en el ser como el signo ante el cual las fuerzas más poderosas se apartan. Esta dualidad de denominaciones —la laguna que guarda y la huida que provoca— establece la tensión que atraviesa todo este Odù: una fuerza que atrae por su profundidad y aleja por su intensidad, que contiene los secretos más grandes de la tradición y que, cuando se manifiesta en su plenitud, hace que todo lo que no está preparado para recibirla se retire.

El aspecto tradicional de Osa formula su enseñanza central a través de una imagen que reúne lo más agudo y lo más cauteloso del conocimiento humano: el ojo del gato y las espinas de la pantera y el leopardo, la codicia y el robo, parecen iguales. Sabiduría y Conocimiento querían unirse, y el Orisha aconsejó que esa unión no debía darse a menos que se confirmara con los caracoles que venía con bendiciones. Así fue como Orunmila y Oshun se unieron. Una bendición para quienes siguen los consejos del Orisha. Esta enseñanza establece que la apariencia de semejanza no garantiza la compatibilidad real, y que incluso las uniones más deseadas entre las fuerzas más nobles requieren la verificación del sistema sagrado antes de consumarse. Osa es el signo que enseña a no confiar en lo que parece sino en lo que el ritual confirma.

Este Odù femenino se manifiesta sobre las horas de las 9:00 de la noche hasta las 9:00 de la mañana: el tiempo que comienza cuando la oscuridad alcanza su punto más denso y termina cuando la luz matinal ya está establecida. Sus colores son el verde —Aidé o Tutú— y el café —ágbáyun—: los colores de la naturaleza viva y de la tierra que la sostiene.

II. El Pacto con las Iyami: El Poder que se Gana Sirviendo

Antes de bajar a la tierra, Osa se encontró en el cielo a las Iyami Oshoronga a la orilla de un río que estaba entre el Cielo Bueno y el Cielo Malo. Las Iyami no podían cruzar porque no querían ahogarse en los pantanos del río, cuyo fango se tragaba a todas las deidades y de él emanaban los monstruos. Osa llegó, vio la situación y les contó que se sentía muy triste porque no escuchaba a sus muertos. Las Oshoronga le propusieron un trato: si Osa las ayudaba a cruzar esa encrucijada, le darían el poder y el àṣẹ de ser la dueña de la transportación de todas las deidades y espíritus. Osa aceptó de inmediato, las ayudó a cruzar, y las Iyami Oshoronga derramaron ese àṣẹ sobre ella.

Este pacto fundacional explica múltiples realidades que este signo porta: por qué el hijo de Osa tiene un sexto sentido que va más allá de la comunicación ordinaria con los Egún; por qué vivirá siempre vinculado a esas fuerzas, casi esclavizado por ellas; por qué tiene que atender a los Orishas con la misma intensidad con que atiende a sus muertos; y por qué, con los Egún, llegará muy pero muy lejos. Osa loda maferefun Egún eni.

Lo que esta narrativa revela sobre la naturaleza del poder en Osa es estructuralmente significativo: el àṣẹ más grande de este signo no fue conquistado ni heredado sino ganado a través de un servicio prestado cuando nadie más podía o quería prestarlo. Osa no tenía lo que los demás necesitaban en ese momento —fuerza física, recursos materiales, posición jerárquica—: tenía la disposición de ayudar donde nadie más se atrevía, y esa disposición fue la que desbloqueó el acceso al poder que ninguna otra vía hubiera podido otorgarle.

Esta lógica del poder ganado en el servicio al umbral más difícil se repite en otro episodio igualmente revelador: antes de nacer, Osa fue ante los Ancianos de la Noche y les pidió que la dejaran adivinar para la humanidad. Les preparó un convite con nueve gallos ofrendados a las nueve partes principales del cuerpo humano en un árbol seco; extrajo los àṣẹs y los puso ante los Ancianos con un polvo que los hechizó, y estos le dijeron que había nacido para ser reina en la tierra. Osa no esperó que la grandeza descendiera sobre ella: trazó el camino que la llevaría hasta allá, usando los instrumentos que tenía disponibles con la inteligencia que la define.

III. La Casa Más Grande: El Aire Como Territorio de la Reina sin Lugar

Cuando Osa bajó a la tierra, su hermana Afefe —el Viento— se dio cuenta de que todos los lugares ya estaban tomados. Le dijo: mi hermana, tú vivirás en el Aire, en la Bugbamu, la Atmósfera, ya que por demorarte mucho todos cogieron un lugar. Pero no te preocupes: el que ríe al último ríe mejor. Vivirás en el aire, pero tendrás la casa más grande que serán los cielos y la tierra.

Esta narrativa sobre la llegada tardía de Osa que le costó un lugar específico en el mundo pero le ganó el espacio más vasto de todos establece uno de los principios más poderosos de este signo: lo que parece una desventaja es, cuando se mira desde la perspectiva correcta, la forma más amplia de la ventaja. El que no tiene un lugar definido posee todos los lugares simultáneamente. El que vive en el aire está en todas partes a la vez.

De aquí nace el refrán fundacional de Osa: "No van lejos los de adelante, si los de atrás corren bien." Esta afirmación no es un consuelo para los que llegaron tarde: es una descripción de un principio de funcionamiento. La velocidad del inicio no determina el resultado final. Lo que determina el resultado es la calidad del movimiento, la constancia del esfuerzo, la profundidad del àṣẹ que se lleva. Osa corrió más despacio que los demás hacia el territorio de la tierra, pero terminó gobernando el territorio que contiene a todos los territorios.

Esta comprensión del espacio como algo que no se conquista sino que se habita desde adentro conecta con la descripción de Osa bajando a la tierra desvestida: sin protección externa, sin la armadura de los lugares definidos y los roles establecidos. Por eso al llegar se volvió violenta, impulsiva, imponente, haciendo remolinos y alterando el aire a su favor. La violencia de Osa no es agresión primitiva: es la respuesta de un ser que llegó sin nada al mundo y tuvo que crear su propio espacio desde la fuerza de lo que porta interiormente.

IV. Los Egún, el Estudio y la Reina que Adivina para los Reyes

A Osa se le llama Aye Yin Na Gboyu Le Won Fun Obà: Bruja que adivina profundamente para los reyes. Este título no es ornamental: describe la función que este signo ejerce en la arquitectura sagrada de la tradición yoruba-lucumí. Osa adivinó para los dieciséis Obàses de su época, cuando estos se estaban muriendo de hambre porque constantemente eran embrujados por las Iyami Oshoronga. Osa les prescribió a cada uno el animal correcto —ocho a Eshu y otros ocho a Iku— y que después soltaran los àṣẹs en la laguna y en el río. Las Iyami se entretuvieron para siempre comiendo esas sobras, y así pudieron dejar tranquilos a los reyes. La prosperidad llegó al pueblo que en ese momento se llamaba Kalawe.

La capacidad de Osa para neutralizar a las mismas fuerzas que la empoderaron —las Iyami Oshoronga— sin destruirlas sino simplemente distrayéndolas con lo que necesitaban, revela una inteligencia específica: la de quien conoce la naturaleza de lo que enfrenta porque hizo pacto con ello, y por eso sabe cómo manejarlo sin necesidad de una guerra directa.

Osa fue justiciera, fuerte, seria, no le gustaban los juegos, y siempre se acostaba muy noche porque le gustaba estudiar, reteniendo más la información con la caída del sol, ya que los Egún la ayudaban. Por eso aquí nacen los estudios, los libros, la investigación; es un signo que llega a ser un gran maestro en el arte de enseñar, especialmente en el campo religioso. Aquí nacen los jueces, los juicios, los tribunales, las cortes, los fiscales y las sentencias. Oshosi era el portavoz de Osa, pero el dictamen final lo daba Obàtala; Orishaoko, Ogue y Elegua también participaban activamente en sus juzgados, ya que fueron súbditos de Osa por mucho tiempo. Oya juzgaba a las personas y Ogun era el azotador.

Esta arquitectura de la justicia en Osa no es la justicia de quien tiene el poder y lo impone: es la justicia de quien conoce la ley porque la estudió de noche con sus muertos, que la instruían mientras los demás dormían. El conocimiento que sostiene la capacidad de juzgar en este signo no vino de una jerarquía formal ni de una institución que lo certificara: vino del trabajo nocturno, del estudio solitario, de la relación con los ancestros como fuente de sabiduría que ninguna academia puede replicar.

V. El Cuerpo Humano, la Sangre y el Sistema Nervioso

Osa rige en todo el sistema nervioso del cuerpo humano. En este signo nacieron la meningitis, la epilepsia, el párkinson, la trombosis, las hemorragias cerebrales, la neuritis, la poliomielitis, el linfoma en el sistema nervioso, el alzhéimer, la demencia —en fin, todas las enfermedades que se vinculan al sistema nervioso. Ozain le cedió el àṣẹ de las hierbas a Osa, quien adquirió el nombre de la madrina de la medicina.

Esta asociación entre Osa y el sistema nervioso no es arbitraria: el sistema nervioso es el aire del cuerpo, la corriente que conecta al cerebro con cada extremidad, la red que transporta la información del mundo exterior hacia el interior y las instrucciones del interior hacia el mundo exterior. Osa —que es Afefe, que es el viento, que vive en la Atmósfera— es el sistema nervioso del universo de la misma manera en que el sistema nervioso es el viento interno del cuerpo humano.

Osa empotró el glóbulo rojo en la sangre de los humanos y animales, le dio oxígeno y clorofila a las plantas. Le dio prominencia a la materia de la mujer sobre el hombre, dándole a estas más senos, muslos y posaderas. Fue quien estructuró el cuerpo del ser humano dando la sentencia de que la cabeza sería la principal entre todas las partes; le dio lugar al sistema nervioso y denominó a la cabeza como propiedad e hija de Obàtala. En Osa nace el ADN en la sangre y las diferentes clases de sangre, nacen los hematólogos, los endocrinólogos y los fisiólogos.

Esta dimensión de Osa como fundadora de la medicina no es secundaria dentro del sistema: es coherente con su naturaleza de signo que conoce los secretos de lo invisible, que ve lo que los demás no ven, que opera en los registros del cuerpo que no tienen forma perceptible pero sostienen todo lo que la forma visible puede hacer. La sangre que circula, el nervio que conduce, el oxígeno que viaja: todas son corrientes, todos son vientos interiores que pertenecen al dominio de quien reina en el aire.

Hay que tener cuidado con la presión arterial. Hay que tener cuidado con golpes severos en la cabeza. Si el hijo de Osa no se mantiene arriba del Ebó, puede llegar a la locura o por lo menos a la demencia transitoria. La conexión entre el descuido ritual y el deterioro del sistema nervioso en este signo establece que la salud del portador de Osa no es independiente de su práctica espiritual: ambas se sostienen o se deterioran juntas, porque el viento que gobierna el cuerpo es el mismo que gobierna el àṣẹ.

VI. Las Manos Mágicas y el Poder de Hacer Obra

El àṣẹ más característico de Osa es el de las manos: en este signo nacen las manos milagrosas, el poder de hacer cualquier obra y que esta camine. El hijo de este Odù tiene magia en las manos y àṣẹ espiritual para llevar a cabo trabajos, ya sea para bien o para mal. Osa hizo pacto con las Iyami Oshoronga y estas le dieron el poderío más el dominio de la hechicería, la buena y la mala. Por eso los hijos de Osa son muy buenos para las obras y trabajos tanto de Osha como de Palo; el hijo de Osa siempre resuelve: hasta con un vaso de agua y tierra dentro de él, llegan a hacerse grandes cosas.

Esta capacidad de producir efectos espirituales significativos con materiales mínimos —un vaso de agua y tierra— es la expresión más práctica de lo que Osa representa: no necesita la infraestructura del poder visible para ejercer el poder real. Lo que importa no es la cantidad de recursos disponibles sino la calidad del àṣẹ que el portador del signo lleva en sus manos y en su contacto con los ancestros y las fuerzas que lo acompañan.

En Osa ejerció y dio lugar en su vida y su casa a los brujos, hechiceros, magia blanca, magia negra, nigromancia, ilusionismo y magias de todas las formas. Esta apertura hacia todos los registros de la operación sobre lo invisible no es relativismo moral: es la descripción de un territorio que Osa conoce en su totalidad porque ella misma lo habitó. El que conoce todas las formas puede orientarse dentro de ellas con una claridad que quien solo conoce una sola no puede tener.

El hijo de Osa que aprende a usar sus manos con intención correcta, que trabaja la obra espiritual con la seriedad que este signo exige, que no mezcla el trabajo espiritual con su vida personal hasta el punto de convertirse en esclavo de los humanos, ese portador tiene en sus manos literalmente uno de los instrumentos de poder más significativos que el sistema del Diloggún reconoce. Pero la misma tradición que lo afirma establece el riesgo simétrico: el hijo de Osa que no diferencia el trabajo de la vida personal se convierte en esclavo, y esa esclavitud puede llegar a la demencia.

VII. La Justicia, la Igualdad y el Gobierno de las Mujeres

En Osa gobernaron las mujeres; aquí ellas mandaron a los hombres. Osa crió a las mujeres y las liberó de la esclavitud en la que los hombres las tenían. Aquí nace que tanto derecho tiene la mujer como el hombre para ejercer la religión de Osha. Osa nunca reconoció ni pobres ni ricos, ni hombres ni mujeres, ni malos ni buenos, ni viejos ni jóvenes. Osa siempre se dedicó a imponer las leyes parejas para todos. En Osa nace la simetría, la semejanza, la igualdad —el principio de que todos somos iguales ante el mismo orden sagrado.

Esta visión de la justicia como igualdad radical no es una posición política contemporánea sino una afirmación estructural del sistema de valores que este Odù instala en el mundo. Osa prohibió la alcahuetería, la fornicación y la prostitución; a todas las mujeres que cometían estos actos, les cortaba la cabeza. Esta severidad no contradice la liberación que Osa proclama: es su complemento. Liberar a las mujeres de la esclavitud del hombre no implica liberarlas de la responsabilidad sobre sus propias acciones. La dignidad que Osa les otorga incluye la exigencia de que esa dignidad sea honrada desde dentro.

En Osa nace que Ogue implantó la primera ley y Orishaoko le puso el sello. Nacen las leyes y los códigos de autoridad y jerarquías, nace la policía, los presidentes y los gobiernos, sean buenos o malos. Aquí nace también el refrán: "El que no aprende a vivir en este mundo, definitivamente tarde o temprano aprende a vivir en el otro." Esta declaración sobre el aprendizaje como condición de la permanencia en la vida establece que el mundo tiene sus propias exigencias, y quien las ignora no queda impune: simplemente pasa al siguiente plano de existencia para aprender lo que aquí no quiso aprender.

Obàtala compró a Iwa Pele, el carácter moral, y le dio buen carácter a la humanidad en este signo. Esta transacción —la compra del buen carácter como si fuera una mercancía que puede adquirirse— establece que el carácter no es un dato fijo con el que se nace sino algo que puede ser cultivado, adquirido, desarrollado a través del trabajo consciente y del apoyo de las fuerzas sagradas que sostienen el proceso.

VIII. Los Ancestros Como Fundamento y la Esclavitud de Quien los Desatiende

Osa usó a los Egún como intermediario de comunicación entre los humanos y Olofi. Preservó los ritos y cultos de los difuntos y se especializó en ellos. En Osa nació el primer Munanzo, el Ile de Egún, ya sea en la tradición de Osha o en la del Palo. Osa impuso las casas de muertos en la tierra y el cielo. Aquí nace Ara Orun, y Oya se personificó en ella porque se convirtieron en grandes amigas.

Aquí nace que la espiritualidad de los Orishas y Egún desciendan y se posesionen mediante los seres humanos. Es en Osa donde nace darle Ashe Lenu con guinea al Orisha, donde el Oriaté se lo da a la persona posesionada para que el Orisha hable. Aquí se unieron Ogue y Orona para educar a la humanidad. Nacen los cuatro àṣẹs de la Osha: Ero, Obi, Ozun, Kola. Aquí nacen las misas de coronación y las espirituales; nace la corona de flores, porque Osa fue la primera en ponerle flores a Egún y lo hizo en forma de corona.

Nace que para que una persona reciba Yoko Osha Leri tenga que hacer primero sus tres misas espirituales para identificar a sus ancestros de sangre y espirituales. Esta prescripción —las tres misas antes de la coronación— no es un requisito burocrático sino la afirmación de que nadie puede recibir la cabeza del Orisha sin saber primero quiénes son los muertos que lo acompañan. El Orisha corona sobre una historia de ancestros: conocer esa historia es la condición de recibir la corona con la plenitud que le corresponde.

Como Osa se llegó a especializar tanto en los ritos astrales que los Orishas pasaron a un segundo plano, la tradición establece que es muy importante que la persona de este signo nunca desatienda a los santos, especialmente a Obàtala, Oya y Ogun, ya que serán un baluarte muy fuerte para su vida. El especialista en lo espiritual que descuida lo ritual produce un desequilibrio que tarde o temprano se manifiesta en deterioro: la profundidad sin la anchura no sostiene.

El hijo de Osa no puede pasar a Ifá porque durante toda su vida tiene que trabajar la obra espiritual, el Palo y la Osha. En caso de que haga Ifá, su muerte puede venir mediante un espíritu que en el día de ayer fue maltratado y esclavizado; ese espíritu es el verdugo de los hijos de este signo. Los hijos de Osa nacieron para Obà Oriaté, Italero y para trabajar el Malongo.

IX. La Violencia, la Transformación y el Precio del Orgullo

Los hijos de Osa en su aspecto positivo o negativo suelen ser extremadamente violentos y cuando pierden la cabeza arrasan con todo, sin medir las consecuencias de las cosas que puedan venir a causa de sus acciones. En su aspecto positivo los hijos de Osa son humildes, pero en ocasiones se les suben los ánimos a la cabeza. En el negativo son egocentristas, pueden sufrir de egolatría y narcisismo.

La violencia de Osa no es casual ni caprichosa: es estructural. Llegó al mundo desprotegida, ganó su poder sirviendo al umbral más peligroso, construyó su territorio desde la nada, fue acusada de bruja, fue juzgada injustamente y se salvó disfrazándose de serpiente para asustar a sus jueces. Cada uno de estos episodios es una cicatriz que se acumula en un carácter que, cuando se activa, no conoce la moderación porque la moderación nunca fue el lenguaje que se usó con ella.

La muerte de Osa fue por derrame cerebral —la enfermedad del sistema nervioso que gobierna— fue abandonada por su familia y sus hijos, y murió sola en su casa por un insulto. De esta muerte nace el refrán más orgulloso de todos sus signos: "Prefiero morir de pie antes de vivir arrodillado." Osa nunca le rindió honor ni pleitesía a nada ni a nadie. Sus hijos la abandonaron porque le salieron malagradecidos; Osa siempre se esforzó por su familia en vano.

Esta imagen del final de Osa —sola, orgullosa, muerta de pie— es al mismo tiempo la descripción del mayor fracaso y de la mayor integridad que este signo conoce. El orgullo que no supo ceder cuando debía ceder pagó el precio de la soledad. Pero esa misma integridad que no se doblegó ante nada fue la que construyó el gobierno más vasto y el àṣẹ más profundo de todos los que el Diloggún reconoce en un solo signo.

Osa maldijo a los gobiernos que imparten la mentira y el desprestigio, ya que de ahí nace la traición, y esto Osa lo repudia con todo. La primera prohibición del hijo de Osa tiene que ser la traición, porque esta puede ser la causa de su muerte. Los hijos de Osa llegan a viejos si aprenden a usar su cabeza y a escuchar los consejos de los Orishas. La misma que no escuchó —que ganó su poder por astucia y pacto pero no siempre por obediencia— le dice a sus hijos que la única forma de llegar a la vejez es haciendo lo que ella misma no siempre pudo hacer: escuchar.

X. El Rezo al Viento y la Enseñanza Final: Todo Está en el Aire

En este signo todo está en el aire y por eso siempre hay que estar haciendo Ebó. La ceremonia de dar de comer al aire —llevada a cabo en el techo de la casa con cuatro latas de maíz tostado, corojo, nueve atare y cuatro palomas blancas, una para cada punto cardinal— culmina con un rezo que condensa la relación entre Osa y el elemento que la gobierna:

Ojun bogbo le afefe, kuro ibiki osimu tiodara, agbara reti o bawa ni ibere ati oki lona —"Viento que todo lo puedes, aleja lo malo y con tus fuerzas trae lo bueno; usted es principio y fin del camino."

Esta oración no es una súplica al viento como a una fuerza externa: es el reconocimiento de que el viento que se invoca es la misma naturaleza de Osa, que es la misma naturaleza del portador de este signo. Pedirle al viento que aleje lo malo y traiga lo bueno es pedirle al àṣẹ más profundo de este Odù que haga lo que siempre ha hecho: moverse entre los dos territorios —el Cielo Bueno y el Cielo Malo— con la misma facilidad con que Osa cruzó a las Iyami sobre el pantano que nadie más se atrevía a atravesar.

Osa fue el único Odulogún que aprendió a volar, y era la más rápida en llegar a los lugares mediante Afefe. El gallo y la gallina fueron a su casa porque vieron que ella le había dado las alas a los pájaros para que volaran; Osa les dijo que por no hacer el Ebó indicado ellos no volarían. Por eso el gallo y la gallina alzan un poco el vuelo pero luego se caen.

Esta imagen final es quizás la más precisa de todas las que este Odù ofrece: el vuelo que no se sostiene porque no hubo preparación ritual suficiente. Osa vuela porque hizo todos los pactos, sirvió en todos los umbrales, estudió de noche con sus muertos, ofreció sus novenas al cuerpo humano y transformó cada adversidad en àṣẹ. El que quiera volar en el territorio de Osa debe hacer primero lo que Osa hizo: no ir adelante de todos, sino correr tan bien desde atrás que cuando llegue, el espacio que encuentre sea el más grande de todos.

Dr. Obà Oriaté David Alá Aggayú

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